Get Adobe Flash player

23 ¿Por qué debo amar a mis enemigos?

Por Santiago Valdez

Un hombre muy sabio dijo una vez que el rencor es una carga demasiado pesada para que un ser humano pueda llevarla. Seguro que conoces a gente dolida, que vive masticando una raíz amarga y que todo lo que hace es para que otra persona vea lo que hace y se sienta peor.

Estas personas tienen aliento de hierba venenosa y sus palabras son como aguijones. Muchas veces al hablar juzgan y encasillan a los demás en dos grupos: Los que les han hecho daño, y los que les harían daño si pudieran. Es una lata tener compañeros de estudios así. O familiares de este tipo, o hermanos de la iglesia. Y ni me puedo imaginar si tu pareja fuera así. No sabes en qué momento va a intentar devolverte a ti lo que otros le hicieron.

¿Qué les sucede a estas personas? Sí, seguro alguien les hizo mal, pero la verdadera razón de su comportamiento es otra: Estas personas no conocen el perdón. También conocemos gente que camina por la vida con soltura, con los hombros relajados y balanceando los brazos. Pueden detenerse a charlar con cualquiera en la calle, y están dispuestos a hacer un amigo, si la otra persona no tiene problema de relacionarse con ellos. En mi país le llamamos a eso: "Tener la sangre liviana". Es refrescante conversar con estas personas, y muchas veces uno aprende de la sabiduría de la vida al hablar con gente así. Al despedirte de alguien así, dices: "Qué interesante cómo piensa fulano de tal sobre este tema que platicamos".

Jesús era así. Tuvo amigos entre los guerrilleros de su tiempo, tanto como entre los esclavos del sistema, los deshonestos y los de malos antecedentes. ¿Cómo es que se llevaba bien aún con gente que practicaba cosas que a Él le lastimaban? Es que Jesús amaba a todos. Cuando le hicieron mal, cuando sus amigos le abandonaron, cuando le vendieron por 30 monedas, cuando se burlaban de él clavados en otra cruz, Jesús perdonó. Así de simple. Perdonó. No se hizo problema. Sencillamente sabía que mejor era descargase del resentimiento y volver a tener expectativa de reconciliarse con esa gente.

En Juan 21 puedes encontrar cómo Jesús fue a buscar a esos amigos que fallaron. Imagínate a Jesús clavándole los ojos a Pedro, y diciéndole: "¿En realidad me amas, o solo me aprecias?"

Puedes escoger viajar por la vida ligero de equipaje, con el corazón abierto y vulnerable otra vez O, claro, puedes hacerlo con el corazón endurecido por tu caparazón de defensa personal y de devoluciones “mal por mal”, con 80 kilos de rencores y registros detallados de cómo te hirieron. Pero tú sabes que en esa burbuja impenetrable hay soledad, miedo de ser herido, y hambre de ser apreciado y abrazado. El corazón vulnerable sigue allí, con las mismas necesidades.

Si eres valiente vas a exponerte de nuevo. Para amar debes conocer a la persona que amas, así como Jesús te conoce a ti, y te ama con todo lo que eres a pesar de que también lo has herido. ¿O no? Lee Colosenses 3.13.

Cuando alguien te hiere, se encadena contigo. Es como que te lanzan una cadena que se enreda en tu cuello. Quien te lastima sigue atado del otro lado de la cadena. ¿Por qué? Ellos esperan que tú les devuelvas el golpe y te enredes más. Pero si tú te sacas la cadena del cuello, eres libre. Ya no les debes un golpe, ya no entras en ese juego. Si ellos se quedan arrastrando su lado de la cadena y no te piden perdón, es su problema, porque seguirán cargando de su parte de la cadena. Pero tu ya eres libre. Les deseas lo mejor y oras a Dios pidiendo que ellos también conozcan el perdón.

Amar a los enemigos es un consejo sensacionalmente práctico para tu alma y corazón. Al hacerlo alivianarás tu carga. Te transformarás en un mensajero de perdón y libertad y disfrutarás actuar sin cadenas.

Por último: Al tener enemigos de verdad, es posible que debas hacer algo más perceptible para perdonarlos en serio. Por ejemplo: escribe en un papel cómo te han ofendido y herido, debes hablar en voz alta, y decir: "Yo perdono a fulano por haberme..." Y luego puedes pedir a Dios por ellos. Pide que sean libres del odio y la revancha.

Anda con cuidado, no recibas golpes gratis, pues dice el sabio que "... el prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias". Proverbios 22.3. Por eso, para lo único que debemos tener el caparazón, es para el rencor. Devolver perdón por rencor y amor por contienda es allanar el camino de la libertad de nuestras conciencias.
 

Biblia G3 de Crecimiento Juvenil Nueva Versión Internacional, Editorial Vida Miami Florida. usado con permiso Reservados Todos los Derechos La Santa Biblia Nueva Versión Internacional 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional. www.bibliag3.com


 

Para añadir tus comentarios, por favor regístrate primero como miembro o ingresa con tu nombre de usuario y contraseña.
Para registrarte, haz clic aquí. Para ingresar, clic aquí